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viernes, 18 de junio de 2010

Los coleccionistas de anillos

Los Angeles Lakers no quisieron darnos el placer de ir a la prórroga en un partido intensísimo en los últimos instantes. La lluvia de triples y la lucha por los imprescindibles rebotes de los últimos suspiros nos hacían querer más, seguir alargando esta alocada serie que han sido las finales de la NBA y que terminaron en un partido redondo... Sobre todo para el equipo angelino.

Segundo anillo para Pau Gasol que se acerca al Hall of Fame. Si su camiseta termina en el techo del Staples Center no habrá duda en que Pau es el mejor deportista español de la Historia.

Otro anillo más para el avaricioso Kobe Bryant. Con éste van cinco -uno menos que Michael Jordan- y con dos trofeos de MVP en su haber. El mejor jugador del partido pudo no ser él, aunque a pesar de tirarse hasta las zapatillas y fallar todo lo habido y por haber fue el máximo anotador del partido con 23 puntos en un partido de escasa anotación (83-79) y tuvo una gran e importantísima aportación reboteadora.

Sí estuvo más fino el de Sant Boi -19 puntos, 18 rebotes-, pero Garnett le ha neutralizado en un par de partidos importantísimos -partidos en los que Lakers acusó su "ausencia" y perdió- y, seamos sinceros, a la NBA le compensa seguir alimentando el palmarés de su jugador más importante.

Bryant y los suyos consiguieron así el anillo número 16 de la franquicia: a uno de los 17 de Boston Celtics, equipo que más ligas posee. Entre tanto artista, tanto ego como el que tiene un jugador de la NBA y tanto juego distinto entre sus componentes es fundamental tener un buen entrenador, y los Lakers tienen al mejor: Phil Jackson.

Tampoco se entiende esta victoria sin la garra demostrada por Ron Artest.
Hizo lo que se esperaba de él en un partido comprometido para su equipo. Cuando juega a ser Dennis Rodman juega mal, cuando juega a ser Ron Artest nos recuerda al gran Rodman.

En el lado céltico acusaron una mala racha de Ray Allen que de haber estado preciso y con un Kobe precepitado podría haber marcado la diferencia. Paul Pierce, aquel al que Boston rogaba un cambio de actitud y juego al llegar la serie a su ciudad, habría sido el MVP de conseguir el título. Rajon Rondo puede que se desinfle con los minutos, pero se perfila como un fuerte candidato a perseguir a Kobe como él lo hizo en su día con Jordan. Vaya triple se marcó el amigo en la recta final, un flash.

Se queda sin manos para ponerse los anillos Phil Jackson. Once joyas: seis con los Bulls de Jordan y cinco con los Lakers de Bryant. Como jugador tiene otros dos con los Knicks. Si su salud se lo permite, continuará regalándonos equipos con los que soñar. Por lo que ha ganado y con quién hoy me reafirmo en mis convicciones: es el mejor entrenador de la Historia.

miércoles, 9 de junio de 2010

Celtics- Lakers: El partido de los "segundones"

Anoche, en el descanso del tercer partido de las finales de la NBA estaba convencida de que los Lakers sólo eran capaces de ganar a los Celtics cuando los de verde jugaban mal. Después de que el equipo angelino perdiera una cómoda diferencia en el segundo cuarto me convencí todavía más. El final del partidazo entre Boston-Los Angeles cambió mis esquemas.

En la primera parte el equipo bostoniano parecía una banda, un equipo 'de patio de colegio'. Dos de sus grandes estrellas, Ray Allen y Paul Pierce -que al final espabiló aunque tuvo muy mal atino con las faltas- no habían aportado en el marcador.

El comienzo de la segunda parte sentó bien a los del trébol, sobre todo a jugadores de banquillo como Glen Davis, Tony Allen o Rasheed Wallace. Sus ganas por vencer en el TD Garden y poner más difícil la vuelta de la serie a L.A nos regalaron los 5 últimos minutos dignos de un encuentro entre las dos míticas franquicias.

Rajon Rondo mostró otra vez el buen jugador que es, acortando distancias en el marcador cuando sus compañeros estaban todavía dormidos. Y Kevin Garnett respondió a las desacertadas declaraciones de Pau Gasol con buenos números. Aún así, sus peticiones de descanso en un partido tan importante nos muestran que su condición física no es la óptima, pero se llevó el duelo de calle e hizo pequeñito al español que sólo destacó por sus rebotes y una canasta importante a falta de dos minutos. Por suerte, el compañero de Pau, Andrew Bynum, sí estuvo grande.

Con un Kobe Bryant otra vez descentrado tanto en la defensa, donde era incapaz de saltar a las ayudas, como en el ataque, con tiros en el primer segundo de la posesión -y descentrado para él son 29 puntos al final del partido-, apareció el capitán del equipo angelino. Derek Fisher, sí, ese jugador de treinta y tantos castigado a aguantar cómo se habla de su necesario sustituto.

Fisher no fue el máximo anotador, sin embargo, sus 16 puntos sí marcaron la diferencia y nos regaló espectáculo en muchas de sus acciones ofensivas. Ni qué decir tiene que su defensa también fue fundamental: el mejor de la noche anterior, Ray Allen, se fue a casa abochornado con sólo dos tiros libres anotados y una casilla en triples sin estrenar un partido después de conseguir el récord de una final de la NBA desde esa distancia.

viernes, 4 de junio de 2010

Golpe a unos orgullosos Celtics

Bajo la atenta mirada de Jerry West el jueves se disputaba el primer partido de la final de la NBA. Celtics-Lakers, un clásico de la liga norteamericana que empezó hace unas décadas pero que tiene en los duelos entre Larry Bird y Magic Johnson su máxima expresión.

2008 fue la última vez en que estos dos equipos pelearon por un anillo y los célticos se llevaron su campeonato número 17 tras unos veinte años de sequía.

El equipo angelino ha sido el gran dominador del último siglo, probablemente en detrimento del equipo de Boston. Hoy, Los Angeles lucha por revalidar el título del año pasado y conseguir así la revancha tras la derrota de 2008. Ese año Pau Gasol podría haber decorado sus manos con un anillo en el que se hubiera convertido en un debut espectacular en su primera temporada en el equipo de Phil Jackson, sin embargo tuvo que esperar un año para conseguir la ansiada -e imposible para casi todos los mortales- joya.

En la madrugada del jueves al viernes vimos cómo reinaba el nerviosismo en los primeros minutos. Ataques sin definir, pelea de gallos entre Ron Artest y Paul Pierce, y una entrada de Kobe Bryant completamente solo que no hacia sino presagiar lo que sucedería durante el resto del partido con el equipo visitante.

La falta de concentración reinó en el equipo dirigido por Doc Rivers. A los espectadores se nos escapó una gran oportunidad para disfrutar de un partido que se antojaba mítico y que acabó antes de que terminara. Todos esperábamos un partido más ajustado, no un 102-89 algo maquillado en los minutos finales.

Las brillantes estrellas de los Celtics no supieron o no pudieron hacer frente al campeón. La clave del partido estuvo en los rebotes. Ahí tuvo mucho que decir el español. Se erraron muchos tiros y conseguir con el rebote una oportunidad más en cada uno marcó la diferencia. Si quieren ganar más partidos, los de Boston tendrán que aprender esta lección tan básica.

Las faltas impidieron a Ray Allen desplegar todo su juego. Paul Pierce generó mucho menos juego del que anotó y sólo se salvaron Rajon Rondo -el habitual en estos playoffs- y las aportaciones, siempre tras una larga espera en el banquillo, de Rasheed Wallace.

El domingo volveremos a trasnochar para ver el segundo partido de la final. A Boston le han dado en el orgullo... Pinta bien.