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jueves, 29 de julio de 2010

Hasta luego, Raúl y Guti

Diré algo que me lleva rondando la cabeza varios días: el Real Madrid se ha quedado sin sus dos jugadores más importantes. Ya lo he dicho. Cojo aire y continúo con la reflexión.

Raúl y Guti, Guti y Raúl, ya no eran los valores de hace unos años, pero sí seguían siendo los dos jugadores más representativos. Son el currante y el díscolo, dos genios, los deportistas que mejor ejemplifican el madridismo y sus dimensiones. Futbolistas con mayúsculas, difícilmente sustituibles en un club que cuenta con grandes figuras.

Me cuesta recordar al equipo blanco sin Raúl y Guti. Sé que hubo un antes glorioso, el de la quinta del buitre, pero ese no es mi Real Madrid. Yo he crecido viendo cómo crecían estos dos futbolistas en uno de los equipos más importantes del mundo. He visto cómo iban y venían otros jugadores y ellos siempre estaban ahí. Tanto es así que tengo que hacer esfuerzos para no incluirles por error en la extensa plantilla de José Mourinho.

El conjunto merengue pierde identidad con la marcha de estos dos cracks del fútbol español y mundial. Ahora toca empezar de cero, quizás lo que más necesita este club que no encuentra la fórmula del éxito que sí saboreaba cuando Raúl y Guti estaban en su mejor momento. Hay jugadores con ganas de formar parte de la historia de este club, como Cristiano Ronaldo -el nuevo 7 merengue-, que en un año ha sido más madridista que muchos. Otros, como Iker Casillas, adquieren todavía más protagonismo tras la marcha de Raúl y Guti. Casillas es ahora el gran referente madridista, aunque las camisetas de portero nunca llenaron gradas.

Guti y Raúl siempre formarán parte del Real Madrid. Ahora comienzan sus andaduras extranjeras, a ellos también les tocaba vivirlas. Pese al ataque de cuernos que me produce verles con esas camisetas nuevas, les deseo lo mejor en este viaje que a mi juicio creo que es de ida y vuelta. No pueden tener otro destino que no sea madridista.

lunes, 26 de abril de 2010

El inevitable Raúl González

Todo empezó en La Romareda un 29 de octubre de 1994. Ahí, por primera vez, Raúl González Blanco pisaba el césped para debutar con el que sería el equipo de su vida: el Real Madrid.
Se plantó una camiseta azul de la marca Kelme que anunciaba Teka -sí, esa que dibujábamos para jugar con las chapas los de mi generación- muy ancha, y unos pantalones más adecuados para su cuerpo de un niño de 17 años.
Pese a su juventud, Raúl no se acongojó y creo un par de situaciones peligrosas, aunque no hubo gol del 7 del Madrid ni victoria para el equipo merengue.
Una semana después, Raúl debutaba en el Santiago Bernabeu en el derbi con dos goles y una asistencia para Zamorano. La apuesta del entonces entrenador del Real Madrid, Jorge Valdano, parecía segura, tan segura que se ha convertido en el referente del madridismo tras dieciséis temporadas defendiendo los colores del Club.
El sábado, Raúl volvía al estadio en el que debutó, en un momento en el que se habla de su posible salida del conjunto blanco en junio. Todos los periódicos remarcaron esta fecha importante para el madridista. No sé si alguno se esperaba lo que pasó después.
En el minuto 14 saltó al campo para suplir al lesionado Van der Vaart. Antes del descanso chocó con Edmilson, quien cayó en el tobillo derecho del capitán blanco. Los gestos de dolor eran significativos, pero Raúl pidió a Pellegrini que le aguantara un poco más. Podría ser su último partido con el Madrid y en un campo que le ovacionó con su entrada. No quería retirarse sin hacer el último esfuerzo.
Y llegó el gol. Al minuto 50, justo una jugada antes de que el madrileño pidiera el cambio por no soportar el dolor. "El gol del cojo" y otro récord para “el eterno 7”: 228 goles, uno más que Di Stéfano. Tercer mayor anotador de la historia de la Liga tras Telmo Zarra y Hugo Sánchez.
El hombre récord del Madrid, el capitán, el modelo del madridismo, el mayor aprovechador de rechaces, el que emplea cualquier parte de su cuerpo para marcar, aquel que celebra sus goles con un beso a su anillo, el jugador que todos los madridistas aman, los rivales respetan y los anitmadridistas detestan... El que no hace nada, el suplente de los 14 millones, el gran debate de La Roja, el de siempre, el decisivo, el inevitable... metía al Madrid en el partido y en la Liga. Y sus compañeros, agradecidos, le regalaron el balón del partido.
Su lesión supone dos o tres semanas de baja. Podrá jugar el último partido de la jornada contra el Málaga. Algo me dice que saldrá al campo en la penúltima, contra el Athletic y en el Bernabeu, su casa.



ACTUALIZACIÓN (12.06h): Acaban de anunciar que su lesión necesitará más tiempo. Puede que hayamos asistido al último gol con la camiseta blanca de este jugador único. Se ha despedido a lo grande justo donde dijo "hola" a la Primera División.