sábado, 11 de septiembre de 2010

La derrota ante Serbia, días después

Hay noticias que duelen, noticias que toca digerir durante días y que te ves obligada a comentar. Que España no vaya a luchar por medallas en el Mundobasket de Turquía es una de ellas.

En un año plagado de éxitos españoles en las competiciones deportivas tendremos una casilla en blanco en un deporte en el que todo han sido alegrías desde el Mundial 2006 en Japón. Los que desde entonces no nos fallaban, los golden boys, perdieron en cuartos de final contra Serbia cuando los españoles pensábamos que era posible que hiciéramos doblete conquistando los mundiales de fútbol y baloncesto..

Es doloroso ver la repetición que termina con Navarro con la cabeza gacha tras asistir al lanzamiento de un triple loco, un obús destructor. Una bomba que no era suya y que les sacaba del torneo. Es una contradicción para alguien que ama este deporte detestar una genialidad como ese triple de ensueño, un tiro realizado con la sangre fría de un jugón que lanza a canasta desde ocho metros, con un defensor enfrente más alto que él, convencido de que el aro es más grande que nunca.

Imagino cómo se deben sentir los jugadores españoles, las veces que habrán hecho autoanálisis -los deportistas son los peores críticos de su trabajo-, las jugadas repetidas en sus cabezas: en ellas Teodosic no puede tirar o falla el tiro por imposible, o Garbajosa recoge el balón de Navarro y consiguen empatar para jugar una prórroga de la que salen vencedores. Y lo peor de todo es que no pueden irse a casa a desconectar: están condenados a jugar la liga de la galleta que es la clasificación del quinto al octavo puesto. Castigados.

Nosotros, que también hemos repetido esa última jugada enésimas veces, unas de memoria y otras en las repeticiones del encuentro con las que nos apuñala sin querer Marca Tv, nos sentimos defraudados, así que pasamos lista y evaluamos a los protagonistas. Suspendemos a Ricky Rubio y a Marc Gasol, por no estar a la altura de las expectativas que tenemos de los dos jugadores que liderarán la selección cuando otros falten. Suspendemos a Garbajosa por no aparecer hasta ese partido, partido que hubiéramos perdido estrepitosamente si Jorge no hubiera jugado tan bien como lo hizo. Suspendemos a Mumbrú por no ser ese jugador cuestionado pero que a pesar de ser consciente de su pequeño papel te saca las castañas del fuego. Suspendemos a Felipe por verse con dificultades para un baloncesto en el que los postes son cada vez más altos y cada vez más ágiles. Suspendemos a Llull por no recuperarse a tiempo, a Raúl López por llegar a destiempo, a Fran Vázquez, Claver y San Emeterio por no tener tiempo.

Suspendemos a un equipo que ha jugado su peor torneo, despotricamos y nos olvidamos de que fueron ellos los que abrieron la veda de todo: la pocha, los cánticos del “camarero”, el Mundial y el Europeo. Que Calderón aparezca en Turquía cuando sus compañeros ya no se juegan nada demuestra lo importante que era para todos ellos esta competición y lo que es más bonito: lo unidos que están los todavía campeones del mundo.

Puede que nos sintiéramos engañados por lo que pasó frente a Serbia, pero ahora, en frío, la sensación que nos debería quedar es la de que tenemos un equipo del que no podemos dejar de sentirnos orgullosos.

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